LOS CUATRO VIENTOS
Como Base de Todo lo Creado

 

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Cuatro fuerzas esenciales sostienen el universo creado para los Mayas: Son elementos esenciales que se encuentran en toda la vida, constituyen la base material que conforma la manifestación, pero igualmente son las cuatro sustancias energético-sutiles que con sus cualidades y características nutren a la Creación, constituyéndola de una manera específica tal como la conocemos.

 

Los cuatro rumbos nos están hablando de cuatro elementos esenciales conocidos también por los alquimistas y metafísicos de todas las grandes escuelas de conocimiento. Los elementos son: el fuego, el agua, el aire y la tierra, substancias omnipresentes en la naturaleza de todas las cosas; son principios activos generadores de todo lo que existe.

 

Para los Mayas, estos cuatro elementos actuantes son la manera como Hunab Kú -el gran principio de la vida- se manifiesta; son los  cuatro basamentos esenciales por donde penetra su hálito de vida hasta alcanzar la manifestación.


 Toda la cosmovisión maya se basa en conocer estos cuatro elementos esenciales y llevarlos a todos los niveles de la experiencia humana en nuestros diferentes ámbitos de vida, al igual que dentro de nosotros como cuerpo físico, emocional, mental y hacia afuera para reconocer la naturaleza y la interacción con todo lo que es.

 

Los cuatro elementos interactúan en un juego dinámico dentro de la existencia, uno no puede estar aparte de otro: En la comprensión que Kinich Ahau nos ha ofrecido, los cuatro elementos se suceden unos a otros, interrelacionándose, compenetrándose, formando hélices en movimiento; no hay cortes drásticos donde comience o termine un elemento, sino que los cuatro elementos forman un caleidoscopio dinámico de Creación y esto queda expresado claramente en el gráfico.

 

Estos cuatro elementos nos permiten encontrar la naturaleza de las cosas y la explicación que nos da Kinich Ahau es porque estos están actuando, en una espiral de energía, cuando viene la primavera aún pueden quedar residuos del otoño, y al comenzar el verano aún quedan residuos de la primavera y así sucesivamente. Uno toca  a otro compartiéndose sin que nada en la naturaleza sea abrupto, con cortes lineales y tajantes, sino después de un día se pasa paulatinamente a las horas del atardecer hasta que llega la completa oscuridad de la noche,  y ésta no pasa drásticamente a la claridad del día sino paulatinamente va habiendo un amanecer hasta que la luz se hace plena.

Rueda Maya Sagrada